JESÚS SE ENFRENTO AL PODER POR LOS POBRES Y POR LA INJUSTICIA

LAS ORGANIZACIONES CATÓLICAS DE COOPERACIÓN
Y LAS CONGREGACIONES RELIGIOSAS DEMANDAN POLÍTICAS
EN DEFENSA DE LAS PERSONAS Y LAS COMUNIDADES EMPOBRECIDAS
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Madrid, 6 de mayo 2014.- Las organizaciones católicas de cooperación –Cáritas, CONFER, Justicia y Paz, Manos Unidas y Redes– y las congregaciones religiosas reclamamos a los poderes públicos que no abandonen a su suerte a las personas y comunidades que más sufren en el mundo, que cumplan los compromisos adquiridos en cooperación internacional y que lideren la aplicación de políticas en defensa de los derechos humanos y la solidaridad.
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Nuestra responsabilidad moral como miembros de la Iglesia y nuestra identidad como cristianos nos exige mirar la realidad de lo que ocurre en el mundo, analizar las causas de la injusticia –que son las mismas en todos los países– y actuar para acabar con ellas.
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Desde esta visión y en el marco de la iniciativa “Enlázate por la Justicia” que impulsan nuestras organizaciones, convocamos a las Administraciones públicas a apostar por la transformación de la realidad social que nos rodea y por el cambio de un modelo económico injusto que genera desigualdad, vulneración de derechos y condiciones de pobreza y exclusión en todo el mundo.
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Nuestro compromiso con la justicia y nuestro trabajo de acompañamiento dentro y fuera de España con quienes viven en situación más vulnerable y que compartimos a diario con innumerables personas, organizaciones y redes de la sociedad civil, nos demuestra que los seres humanos no somos diferentes ni estamos tan lejos unos de otros. Todos somos una sola familia humana: nuestros rostros reflejan la diversidad del mundo, pero también la misma ilusión por vivir, idéntica esperanza en el futuro y una sólida firmeza a la hora de defender nuestra dignidad y la de nuestras familias.
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Sabemos que la apuesta por la cooperación al desarrollo puede transformar el escándalo contemporáneo de la injusta realidad que representan los 1.200 millones de personas que viven en situación de pobreza o los 800 millones de hermanos y hermanas que pasan hambre.
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Nosotros somos testigos privilegiados de cómo la solidaridad entre personas, comunidades y países puede cambiar el mundo. Podemos dar fe de los pequeños milagros realizados a través de la cooperación fraterna y recíproca: cómo un campesino del Amazonas logra su primera cosecha en muchos años; cómo una cooperativa de mujeres de Bangladesh pone en marcha un taller de costura; o cómo unos jóvenes haitianos aprenden un oficio que les permite llevar dinero a sus casas.
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Desde esa presencia, pedimos la máxima responsabilidad a las Administraciones públicas para construir las bases de un nuevo modelo social y económico centrado en las personas; para articular políticas encaminadas a promover los derechos humanos y la justicia en todo el mundo; y, sobre todo, para que “no miren hacia otro lado mientras millones de personas pasan hambre”, como expresó el Papa Francisco en el lanzamiento de la campaña “Una sola Familia humana. Alimentos para todos”, impulsada por Caritas Internationalis y a la que se han sumado en España todas las organizaciones firmantes de este comunicado.
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Asimismo, nos unimos al llamamiento de Francisco en su exhortación Evagelli Gaudium: “En este marco se comprende el pedido de Jesús a sus discípulos: «¡Dadles vosotros de comer!» (Mc 6,37), lo cual implica tanto la cooperación para resolver las causas estructurales de la pobreza y para promover el desarrollo integral de los pobres, como los gestos más simples y cotidianos de solidaridad ante las miserias muy concretas que encontramos”.
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Nuestras organizaciones católicas quieren ser respuesta a esa corriente de solidaridad, en la afluyen el trabajo de cooperación aportado por una base social de 80.000 personas voluntarias y 5.000 trabajadores remunerados, junto a unos 47.000 religiosos y religiosas pertenecientes a 400 congregaciones españolas, y un volumen de recursos económicos superior a los 130 millones de euros anuales invertidos en los distintos proyectos de desarrollo que se realizan en más de un centenar de países de todo el mundo.