EL PA QUE ENS DÓNA JESÚS ENS DÓNA LA VIDA, VISQUEM L'AMB AMOR ALS ALTRES

LAS MUJERES Y LOS HOMBRES NECESITAMOS EL AMOR DE JESÚS


Domingo 4 de agosto
18º del tiempo ordinario
Juan 6,24-35

Jesús no viene a resolver ningún problema particular; él ofrece una respuesta global a la vida del hombre y se da como alimento para que esa vida crezca y se fortalezca y los hombres puedan saciar todas sus aspiraciones: acabar con el hambre, por supuesto, pero también satisfacer el deseo de amar y sentirse amado; ver cumplida la urgencia por la justicia, y también la necesidad de ternura, sentirse en armoniosa y fraterna relación con sus semejantes, y también, como hijos, con el Padre Dios.
El trabajo que Jesús nos pide a sus seguidores es que nos tomemos en serio todo esto; que nos pongamos de su parte, que aceptemos plenamente su proyecto de hacer de este mundo un mundo de hermanos, que dejemos que el Padre nos selle con su Espíritu y nos dé con él la fuerza que nos permita ser capaces de hacer de nuestra vida un don continuo en favor de la vida del mundo, de tal modo que, sin rendirnos jamás en la lucha por la justicia, sin olvidar que la primera que hay que satisfacer es el hambre de alimento, nunca perdamos de vista que las hambres del hombre no se sacian sólo con pan y ni siquiera con sólo justicia: el hombre necesita amor, todo el amor, hasta el amor de Dios. Cuando en nuestro mundo domine solo el amor se habrá revelado el pleno sentido de las palabras de Jesús: “Yo soy el pan de vida. Quien se acerca a mí nunca pasará hambre y quien me presta atención nunca pasará sed.”

APRÈN DE LA VIDA I ELLA T'ACARNISSARA

TOTHOM TÉ DRET Al NECESSARI PER A VIURE

¿QUE BUSCAMOS NOSOTROS EN JESÚS?


Domingo 27-7-18
17º del tiempo ordinario
Juan 6, 1-15

Lo primero es que todo el mundo pueda tener lo necesario para vivir. Pero la misión de Jesús, lo que Jesús viene a decir y a hacer, no termina con esto. El pan es un signo de un banquete más pleno, más definitivo, más para siempre. Así como para nosotros, por ejemplo, la cena de Nochebuena no es solo una comida que hacemos porque tenemos hambre, sino que es signo de fiesta, de unión familiar, de alegría compartida, lo mismo ocurre con la comida que Jesús dispuso para la multitud.
Preguntémonos: ¿qué buscamos nosotros en Jesús? Preguntémonos si nuestras únicas aspiraciones son  lograr que la vida nos funcione bien y sin problemas, o si esperamos de él algo más. Cuando participamos del banquete de la Eucaristía, ¿qué buscamos? Preguntémoslo hoy muy de verdad: ¿qué buscamos nosotros en Jesús?