LA VIDA TIENE SENTIDO CUANDO CREEMOS EN JESÚS Y EN NOSOTROS MISMOS Y EN LOS DEMÁS
Domingo 6 de octubre
27 del tiempo ordinario
Lucas 17,5-10
-Si
tuviésemos más fe en Dios:
Cada
día haríamos el milagro de cambiar nuestra vida.
Cada
día haríamos el milagro de dar un sentido nuevo a nuestra vida.
Cada
día haríamos el milagro de salir de nuestra vulgaridad.
Cada
día haríamos el milagro de ser más santos.
-Si
tuviésemos más fe en Jesús:
No
evitaríamos nuestros problemas, pero nos sentiríamos más que nuestros
problemas.
No
evitaríamos nuestras enfermedades, pero no nos dejaríamos aplastar por ellas.
No
evitaríamos que nos despidan de nuestro trabajo, pero seguiríamos luchando con
esperanza.
No
evitaríamos nuestras debilidades, pero sentiríamos que podemos ser más fuertes.
No
evitaríamos nuestros momentos de oscuridad, pero siempre encontraríamos una
luz.
No
evitaríamos ser hombres, pero sentiríamos en nosotros la vocación divina.
-Si
tuviésemos más fe en la mujer:
Cierto
que la respetaríamos más.
Cierto
que reconoceríamos su verdadera dignidad de “imagen y semejanza de Dios”.
Cierto
que no la explotaríamos con un salario injusto.
Cierto
que no nos aprovecharíamos de ella para nuestros intereses y egoísmos.
-Si
tuviésemos más fe en el hombre:
Le
valoraríamos mucho más.
Le
haríamos sentir lo importante que es.
Le
haríamos crecer en su propia estima.
Le
haríamos sentirse mejor consigo mismo.
Le
haríamos crecer con mucha más seguridad en sí mismo, evitándole complejos de
inferioridad.
-El
mundo necesita que tengamos más fe en él.
Que
creamos que el mundo puede cambiar.
Que
creamos que el mundo puede ser mejor.
Que
creamos que el mundo puede ser bello y hermoso.
Si
no creemos en el mundo nunca haremos nada por cambiarlo.
Si
no creemos en el mundo nunca nos comprometeremos en mejorarlo.
Si
no creemos en el mundo difícilmente creeremos en el cielo.
Hablamos
mucho de creer en Jesús.
Y
hablamos poco de que Jesús también cree en el hombre.
Y
la vida solo tiene sentido cuando creemos en Jesús y cuando creemos en nosotros
mismos y en los demás
TODOS SOMOS IMPORTANTES PARA JESÚS
Domingo 15 de septiembre
24 del tiempo ordinario
Lucas 15,1-10
En
demasiadas ocasiones nos parecemos a
aquellos judíos que se consideraban justos, buenos y cumplidores. Si a veces no
hemos criticado o murmurado de algún seguidor actual de Jesús porque también
iba con quienes consideramos "pecadores".
No
hay duda que hoy la Iglesia, quienes nos consideramos fieles cristianos,
quisiéramos que quienes consideramos "pecadores" se convirtieran y
orientaran su vida según la verdad y el amor de Dios que nos reveló Jesús. Pero
quizá, en bastantes ocasiones, parecemos quererlo de un modo más teórico que
real, ya que lo pretendemos casi diría "a distancia", sin
relacionarnos con ellos, sin "comer" con ellos.
La
conversión de un solo pecador causa la gran alegría de Jesús. Y este solo
pecador puedo ser yo, puedes ser tú, puede ser cada uno de nosotros. ¿Hemos
pensado nunca, cuando nos sentimos y sabemos pecadores, que nuestra conversión
causará esta inmensa alegría de Dios, de la que nos habla Jesús?
Y
en el mismo sentido hemos de leer la parábola del hijo pródigo. Cada hijo, tu,
yo, el de enfrente… tiene tanto valor como una multitud. Más allá de nuestras
actitudes, todos somos importantes y únicos a los ojos de Jesús y motivo de su
alegría.
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