TANTO NOS AMO JESÚS QUE SE DIO POR NOSOTROS
Jueves 29-3-18. Jueves Santo. Juan 13,1-15
COMO NO DARTE GRACIAS, SEÑOR!
Tu
amor es tan grande, que no tiene límites
Tus
Palabras son eternas, y permanecen aquí
y ahora
Tus
gestos nos dejan impresionados
Tu
mirada nos hace sentir tu amor
¡CÓMO NO DARTE GRACIAS, SEÑOR!
Has
bajado a este altar en Cuerpo y Sangre
Te
has quedado para alimentarnos
Has
puesto tu cuerpo en tierra para lavarnos
¡CÓMO NO DARTE GRACIAS, SEÑOR!
Te
ofreces por la humanidad
Mueres
sin recompensa alguna
TE
entregas por nuestra felicidad eterna
¡CÓMO NO DARTE GRACIAS, SEÑOR!
Sirves
para que nosotros sirvamos
Amas
para que nosotros amemos
Perdonas
para que nosotros perdonemos
Mueres…para
que nosotros no muramos
¡CÓMO NO DARTE GRACIAS, SEÑOR!
EL PODER DE JESÚS ESTÁ EN EL AMOR
Domingo 25 de marzo
Domingo de Ramos en la pasión de Jesús.
Marcos 15,1-38
Lo
mataron porque no estaban dispuestos a permitir que pusiera en peligro sus
privilegios; porque los puso en evidencia al descubrir que engañaban al pueblo
suplantando a Dios y que manipulaban el nombre de Dios para dominar al pueblo;
porque les dijo que habían convertido la religión en un negocio y que se habían
puesto de acuerdo con el emperador de Roma para apropiarse del pueblo, de los
hombres, que sólo pertenecen al Dios liberador.
Un
Dios sin poder. A algunos les sonará a blasfemia, pero eso es lo que se ve en
el crucificado. «Creemos en un solo Dios, Padre todopoderoso», decimos en el
credo. Pero ¿en qué consiste su poder? Ciertamente, el poder de Dios no es como
el de los poderosos de la tierra (capacidad de determinar o modificar la
libertad de los demás). No. El Padre no cambia el curso de los acontecimientos
que los hombres, en el uso de su libertad, han decidido; no fuerza la libertad
de los hombres, ni siquiera para que éstos sean buenos. Preguntarse si podría
hacerlo es un absurdo, algo así como preguntarse si Dios puede pecar. Entonces…
Se
dejó matar, aceptó la muerte por amor: porque no podía soportar que se hiciera
sufrir a los seres humanos. Y porque con su amor quería mostrar al mundo el
amor de Dios, a quien él llamaba «Padre». Se dejó matar porque estaba harto de
que se predicara la resignación y el sometimiento en nombre de Dios, y quiso
enseñar a los hombres que lo que Dios exige es la rebeldía contra todo lo que
constituye una violación de la dignidad de quienes fueron creados a imagen de
Dios y están llamados a ser sus hijos. Y porque quiso ser rebelde sin ventajas,
«como un simple hombre».
El
poder de Dios es el AMOR.
Y
ése, el amor, es su poder. Y de ese poder sí está llena la figura del
crucificado. Sus paisanos no fueron capaces de descubrirlo: todos los que hablan
al verlo en la cruz pretenden que Dios anule lo que los hombres han hecho para
que, demostrado así su poder, puedan creer en Jesús. No les entraba en la
cabeza que el amor fuera ya salvación
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