NO PODEMOS ESPERAR MÁS, JESÚS VIENE, ¿ESTAS PREPARADO?

Domingo 2 de diciembre
1º de Adviento
Marcos 13,33-37

El Adviento nos urge a no quedarnos demasiado satisfechos con lo ya conseguido, sino a mirar adelante con valentía, a seguir caminando, porque hay mucho que conquistar todavía. Lo que Jesús inauguró con su venida, hace ya veinte siglos, todavía está sin realizarse del todo. Es un programa vivo, más que historia. Y ese programa cada año lo iniciamos de nuevo con esperanza y energía.
El Adviento significa despertar. Abrir los ojos para descubrir a ese Dios cercano: a ese Jesús, el Mesías, que está en lo más íntimo de nosotros mismos, en la historia de cada día, en los nuevos rumbos de la Iglesia…
No es que Jesús tenga que “venir”. Él “está” siempre ahí. Los que “no estamos” somos nosotros, distraídos por mil cosas. Descubrirle presente, encontrarnos verdaderamente con Él: ese es el programa, gozoso y comprometedor a la vez, del Adviento. Un programa que afecta a toda nuestra vida, que puede revolucionar nuestros proyectos y que nos pone en actitud de búsqueda, de atención y de marcha.

Su presencia en la Eucaristía es el signo más concreto y eficaz de su presencia salvadora en toda nuestra existencia. Que estos domingos de Adviento nos ayuden a descubrir al Señor Jesús en nuestra vida. Eso es lo que dará confianza y ánimos a nuestro camino de cada día.

TROBA A JESÚS EN TOTES LES SAVINES QUE HI HA A LA TEUA AL VOLTANT

TROBA A JESÚS PROP DE TU

ENCUENTRA EL ROSTRO DE JESÚS EN EL MUNDO ACTUAL

Domingo 26 de noviembre
Jesús Rey
Mateo 25,31-46

La vida humana no tiene fecha de caducidad, pero un día terminará. Jesús no hará a cualquier hombre que llegue hasta él muchas preguntas, solo una: cuál ha sido su comportamiento ante el sufrimiento del ser huma­no. Y no les podrá servir de disculpa el decir que no conocían el proyecto de Jesús, o que no sabían que lo que hacían los seguidores de Jesús era la voluntad de Dios; ni siquiera les valdrá decir que no habían tenido la oportunidad de conocer a Dios. No servirán esas disculpas. Ni tendrían sentido: por­que lo que Jesús preguntará a los hombres no será si se han puesto de la parte de Dios, sino si han estado del lado del hombre.
Cuando abramos los ojos y podamos ver la realidad ¿no será ya un poco tarde? Todos andamos buscando a Dios. Todos preguntamos dónde encontrarle. Y Dios nos dice a todos: “No seáis tontos. Si cada día estoy a vuestro lado y me cruzo en vuestro camino y todavía andáis preguntando dónde estoy!”
Nos empeñados en deshumanizar a Dios y hacerlo solo divino.
Dios empeñado en revelarse como hombre y en los hombres.
Y nosotros empeñados en querer verle en su rostro divino.

A nuestra respuesta de “¿Cuándo te vimos?” Dios tiene otra respuesta: “Os aseguro que cada vez que lo hicisteis con uno de estos, mis humildes hermanos, conmigo lo hicisteis”. ¡Vaya chasco! ¡No ver a Dios cuando lo que abundan son los rostros de Dios en el mundo!

ESTEM CRIDATS A NO DESENTENDRE'NS

EL SOFÀ ÉS CÒMODE, EL CARRER ÉS VIDA...

SER EGOÍSTA ES FÁCIL, ESTAR COMPROMETIDO NOS LLENA....

Domingo 19 de noviembre
33 del tiempo ordinario
mateo 25,14-30

Qué fácil caer en el conformismo, adaptarnos a la moda de turno, seguir los caminos superficiales que siguen todos.
Hay  a quien los paraliza el miedo a correr riesgos. A otros los asusta el asumir responsabilidades que les complicarán la vida. Hay quienes se han incapacitado para todo lo que requiera esfuerzo y prefieren vivir satisfaciendo los instintos de siempre.
Pero esa forma de vida, aparentemente la más fácil y cómoda, es triste y dura porque, con razón decía san Gregorio de Nisa es una “vida muerta”. Una vida sin vida y sin alegría verdadera.
La parábola de los talentos es realmente sorprendente: Jesús condena de manera tajante al hombre que solo sabe conservar su vida “enterrándola” por miedo a riesgos y complicaciones posibles.
Seguir a Jesús es fundamentalmente vivir creciendo. Liberarnos día a día de todo lo que desde dentro o desde fuera nos bloquea y paraliza. Necesitamos romper ataduras, servidumbres y cobardías que nos esterilizan y matan como personas y como creyentes.
Siempre podemos cambiar y ser mejores. Siempre podemos liberar en nosotros las fuerzas de una vida más noble y generosa. Intensificar nuestro amor a cada persona. Generar más vida a nuestro alrededor.
Alguien ha dicho que «la apatía constituye el pecado clave del mundo moderno» Apatía que significa abandono y renuncia a ser realmente persona. Negativa a asumir los riesgos de una vida responsable.
Los cristianos hemos visto con frecuencia al pecador como el hombre soberbio, de actitud rebelde y desafiante. Quizás tengamos que recordar más este otro pecado de quien renuncia a las implicaciones de su propia dignidad humana.
Cada uno tenemos ante nosotros un quehacer al que no podemos renunciar.

Renunciar a la creatividad, no arriesgarse a crecer como personas, no comprometernos en la construcción de una sociedad mejor, es enterrar nuestra vida y traicionar no solo nuestra propia dignidad humana sino también los designios del Creador.