LA PASCUA SE VIVE EN LA CALLE

CELEBREMOS LA PASCUA EN MEDIO DE LA GENTE
No hay Pascua sin Jesús, pero tampoco hay Pascua sin los hombres.
Por eso, la Pascua se celebra allí donde están los hombres. Id a la ciudad.
Es ahí, no en la soledad, no huyendo de la gente.
No escapándose del mundo.
CELEBREMOS LA PASCUA VIVIENDO CON LA GENTE
donde está el hombre,
donde el hombre vive,
donde el hombre anda por la calle,
donde el hombre carga con el cántaro de agua.
JESÚS QUIERE CELEBRAR LA PASCUA ALLÍ DONDE NOS ENCONTRAMOS CON EL HOMBRE Y ENTRAMOS EN DIALOGO CON ÉL
Para orar, Jesús se retira a un lugar solitario, pero para celebrar la Pascua,
Jesús envía a los suyos a la ciudad, al encuentro con los hombres.
Para orar, se retiró al silencio nocturno del Huerto de los Olivos.

Pero para celebrar la Pascua prefirió el ruido de la ciudad, el ruido de los hombres.

AMB EL SOFRIMENT DELS XIQUETS. TAMBÉ AVUI JESÚS TÉ LA SEUA PASSIÓ

¿ES JESÚS NUESTRA SUPER-ESTRELLA?

ES MOMENTO DE PONERNOS DESNUDOS ANTE JESÚS

Domingo 9 de abril
Domingo de Ramos
Mateo 27,11-54

La pasión de Cristo no es sólo una página del pasado. Es también una página del presente, en la que seguimos teniendo responsabilidad. La pasión de Cristo no ha terminado. Cristo sigue hoy sufriendo en el hombre hermano, con el que Jesús se ha identificado:
– Hoy sigue Cristo sufriendo la pasión cuando no sabemos acompañar a nuestros hermanos que sufren, que sienten angustia y se sienten solos, como hicieron los discípulos predilectos en el huerto de Getsemaní.
– Hoy sigue Cristo sufriendo la pasión cuando vendemos nuestra vida por treinta monedas de plata; cuando nuestro deseo de medrar nos lleva a hacer negocios no limpios a claudicar de nuestros valores más sagrados: familia, amigos, honradez, sinceridad, cuando vendemos nuestros mejores ideales por causas que no merecen la pena.
– Hoy Cristo sigue sufriendo la pasión cuando buscamos en la violencia la solución de nuestros problemas, como aquellos que prendieron a Jesús con palos y espadas; cuando dejamos que cualquier tipo de violencia se apodere de nuestro corazón.
– Hoy Cristo sigue sufriendo la pasión cuando acusamos injustamente a los hombres, como lo hicieron los líderes religiosos de Jerusalén; cuando no respetamos a los hombres y los acusamos sin verdad, cuando descalificamos injustamente.
– Hoy Cristo sigue sufriendo la pasión cuando le negamos por vergüenza y cobardía, como hizo Pedro; cuando nos dejamos arrastrar por el respeto humano y no confesamos con valentía y sinceridad nuestra fe; cuando no defendemos la justicia por miedo a problemas y dificultades o al que dirán…
– Hoy Cristo sigue sufriendo la pasión cuando nos lavamos las manos como Pilato; cuando no vivimos comprometidos con la causa de los que sufren, cuando nos encogemos de hombros ante las injusticias, por miedo a las consecuencias.

No acusemos solamente a los judíos: démonos hoy un sentido golpe de pecho, porque todos nosotros seguimos siendo responsables de la pasión de Cristo que aún no ha acabado. No podemos encoger los hombros porque “en este mundo tenemos que vivir”. “Somos nosotros los responsables de este mundo… Soy yo el responsable de este mundo”.

PER A DEDICAR-TE ALS ALTRES PRIMER HAS DE PERDRE LA POR A PERDRE COSES

PERD LA POR I VORES MES ENLLÁ DEL TEU MUR

¿TIENES MIEDO A PERDER EL MIEDO?

Domingo 2 de abril
5º de Cuaresma
Juan 11,3-7.17.20-27.33b-45


            “En un mundo como el que nos toca vivir, donde la rentabilidad se ha erigido en nueva  divinidad que hay que adorar, todo es prácticamente objeto de explotación, no solo, como  era de esperar, eso que llamamos “naturaleza”, sino incluso la persona humana misma, su  trabajo, su vanidad, su egoísmo, su ambición, su erotismo, sus necesidades…. hasta su  miedo. ¡Qué renta tan fabulosa se obtiene diariamente del miedo de los hombres! Por  miedo a perder un sueldo, un empleo, un nombre, un prestigio, una popularidad; por miedo  a perder la vida… renunciamos a ser lo que somos (hombres libres) y nos vendemos como  esclavos: nos vemos constreñidos a llevar a cabo acciones injustas, degradantes, indignas.  Sería incontable el número de los que tienen sellados los labios con oro, o las manos  atadas con amenazas, o seco de miedo el corazón. A veces suspiramos: “Ah, si pudiese  hablar…, si yo dijese todo lo que sé…; si contase lo que yo he visto con mis propios ojos”.  ¡Pero no hablaremos!            
             Tenemos miedo. Mucho miedo. Miedo a todo. Miedo a morir. Y  preferimos no pensar en la injusticia que sufre el prójimo.
            Preferimos no saber la mentira con que engañan al vecino, no denunciar la opresión que  padece el compañero, cerrar los ojos al hambre del hermano.
El mensaje del evangelio de hoy –la resurrección de Lázaro- es una invitación a superar todo tipo de miedo, incluido el miedo a la muerte. Solo entonces alcanzaremos la libertad necesaria para ser nosotros mismos en la vida de cada día.

Jesús lo consiguió. No le fue fácil. Llegó a sudar sangre. Pero nos mostró que es posible un futuro de esperanza y de vida plena. Un futuro que hemos de comenzar ya aquí en esta vida.