TENIM EL TELEFONO EN MANERA SO O HO TENIM EN SILENCI?


SOLO DESDE LA ESCUCHA NACE LA VERDADERA FE



Domingo 12 de marzo
2º de Caresma
Mateo 17,1-9

En una leprosería había un leproso que se pasaba el día encerrado sobre sí mismo, triste y sin esperanza. Hasta que un día comenzó a sonreír. Todo el mundo se preguntaba ¿qué había pasado? Y se dieron cuenta de que todas las mañanas se asomaba al muro que lo separaba de la calle. Se subía al muro. Bajaba y comenzaba a sonreír. Llenos de curiosidad se acercaron. Una señora todos los días pasaba a esa hora por allí.     Esperaba ver al leproso. Y desde la calle le regalaba una sonrisa. Y esto era suficiente para hacerle feliz a aquel hombre lleno de angustia y tristeza durante todo el día.
Me viene esta anécdota precisamente, el segundo domingo de Cuaresma, en el que leemos la Transfiguración de Jesús en el Tabor. Un momento en el que Jesús se transforma y todo él se ilumina dejando transparentar lo que lleva dentro detrás del muro de su humanidad.

El leproso fue capaz de subirse al muro y así poder ver la vida que caminaba por la calle y la sonrisa que alguien le regalaba cada mañana, suficiente para sentirse vivo durante el día.
La transfiguración de Jesús nos hace ver no el muro de su cuerpo sino la transparencia de lo que hay dentro de él. Como el leproso que revive por una sonrisa mañanera venida del otro lado del muro, también los discípulos comenzaron a revivir, llenos de alegría, al ver esa sonrisa transfigurada de Jesús. “Maestro, qué bien se está aquí. Hagamos tres tiendas. Una para ti, otra para Moisés y otra para Elías”. Hasta ahora le conocían a través del muro de su humanidad. Aquella mañana comenzaron a verlo desde dentro, desde su divinidad escondida.

Las personas ya no tenemos tiempo para escuchar. Nos resulta difícil acercarnos en silencio, con calma y sin prejuicios al corazón del otro para escuchar el mensaje que toda persona nos puede comunicar.
Encerrados en nuestros propios problemas, pasamos junto a los demás, sin apenas detenernos a escuchar realmente a nadie. Se diría que al hombre contemporáneo se le está olvidando el arte de escuchar.
En este contexto, tampoco resulta tan extraño que a los cristianos se nos haya olvidado que ser creyente es vivir escuchando a Jesús. Y sin embargo, solamente desde esa escucha cobra su verdadero sentido y originalidad la vida cristiana. Más aún. Solo desde la escucha nace la verdadera fe.

ESTEM CONNECTATS O ESTEM EN EL DESERT

Y TÚ ESTAS EN EL DESERT

CAMINANDO CON LA VERDAD

Domingo 5 de marzo
1º de Cuaresma
Mateo 4-1,11

Jesús tenía treinta años cuando el Espíritu lo urgió a abandonar su familia, su pueblo, su  comodidad, sus esquemas… para descubrir lo nuevo de una misión a la que era llamado. Penetrar en el desierto significa, en efecto, desprendernos de todos los esquemas en los  que nos hemos «fijado y anclado»; es reconocer que eso pertenece a un mundo viejo y  caduco.
Dejar al borde del desierto tantas mentiras e hipocresías, una vida aburguesada y  autosatisfecha. Dejar esas trampas sutiles con las que pretendemos autoconvencernos,  llegando incluso a torcer el sentido de las frases bíblicas para rehuir el cambio y demostrar  que Dios piensa exactamente igual que nosotros (de la misma forma que lo hizo el diablo al  tentar a Jesús) Al desierto hemos de entrar desnudos, para descubrir nuestra «aridez  interior», para tener el coraje de mirarnos tal cual somos, sin las vestiduras que cubren la  vergüenza, las llagas o la suciedad.               Cuidado con entrar al desierto de esta cuaresma bien situados en nuestro carro -muchas  veces un carro blindado- sobre el cual rebotará la Palabra exigente de Dios.    Caminemos, en cambio, en la pobreza y el silencio interior, para llenarnos con la riqueza  del Evangelio y con la Palabra del Señor, que nos invita a derribar los ídolos para  revestirnos de Cristo vivo. Dejemos también los cómodos bastones y la pesada mochila.  Apoyémonos en un Dios que nos ha de guiar por el camino de la libertad, cuya primera  etapa es mirarnos y reconocernos tal cual somos…
Jesús en el desierto se miró a sí mismo desde el punto de vista de Dios. Dejó a un lado  sus intereses, su comodidad, su egoísmo, y se preguntó sinceramente por el camino a  seguir. Su pregunta fue limpia, sin doble intención; como limpia, sincera, transparente fue  su respuesta…

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DIUMENGE QUE VE DÍA 5 
ENS VISITEN 
ELS AMICS DE 
SANT JOAN DE DÉU