BIENAVENTURADOS LOS PERSEGUIDOS POR DEFENDER MI MENSAJE

El sentimiento de seguridad es uno de los más estimados por el hombre. Y concretamente en sus relaciones con Jesús.
Queremos, en todo momento, saber cómo y por dónde llegaremos a Jesús.
Por eso nos encanta una religión formalista que diga puntualmente cuánto tenemos que dar y cuánto tenemos que rezar, por ejemplo, para conseguir lo que los cristianos llamamos la vida eterna, es decir, ese final feliz que durará para siempre.
No nos gusta, sin embargo, la inseguridad y el riesgo.     
Nos parece insensato que la relación con Dios sea una aventura personal, renovada diariamente, en la que se compromete, no unas oraciones, e incluso unos dineros, sino una actitud vital asumida con responsabilidad y que nos ocupa por entero.
Tanto la fe como la ciencia coinciden en afirmar que el mundo tendrá fin, pero la realidad es que el fin del mundo para cada uno de nosotros es el día en que muramos.
Y esta verdad nos la recuerda el sacerdote el miércoles de ceniza cuando, poniéndonos un poco de ceniza sobre la frente, nos dice: Acuérdate de que eres polvo y en polvo te has de convertir.
El caminante de la vida necesita ir descubriendo, junto a las pequeñas ilusiones ficticias que pueden entretenernos un rato, los agarraderos fuertes y definitivos en los que apoyar nuestras vidas y nuestra esperanza…
Y es entonces cuando descubrimos a Jesús. No a su dios, sino al Jesús que se desvela, descubre y manifiesta en el recorrido de nuestra vida, en las esperanzas, en los anhelos, en las necesidades grandes o pequeñas…

Ganaremos mucho, cuando orientemos nuestra confianza hacia quien únicamente la merece: Jesús. Como dice el evangelio de hoy, no nos dejemos engañar, será la constancia la que salve nuestras vidas.

MISSIÓ COMPLIDA, 27000 ENTRADES

És una gran alegria fer-vos participes de l'èxit aconseguit pel nostre blog, avui hem arribat a les 27000 entrades.
Des que l'any 2011 decidim crear aquest blog vam tenir una idea molt clara, transmetre un Jesús jove i viu als adolescents i gent jove i totes aquelles persones que se sentiren joves, si ho hem aconseguit estem molt felices, si no ho hem aconseguit teniu per segur que continuarem intentant-ho.
A tota/us moltes gràcies.



                         PRIMERA "FOTOGRAFIA" QUE ES PUBLICA EN EL NOSTRE BLOG

MÚSICA PER A UN JESÚS VIU

JESÚS ESTA VIU ENTRE NOSALTRES

JESÚS ESTÁ ENTRE LOS VIVOS, NO LO BUSQUEMOS ENTRE LOS MUERTOS

Domingo 6 de noviembre
32 del tiempo ordinario
Lucas 20,27-38

El Evangelio de hoy nos habla claramente de que Jesús no es un Jesús de muertos sino un Jesús de vivos y para los vivos.
Cuentan de un monje ilusionado por visitar el Santo Sepulcro. Cuando consiguió el dinero se puso en camino. En esto oyó que alguien le seguía – ¿A dónde vas, padre mío?
– Al Santo Sepulcro de Jerusalén. Ha sido la ilusión de mi vida.
– ¿Cuánto dinero tienes para eso?
– Mis doscientos euros.
Dame los mil doscientos euros: tengo mi mujer enferma, mis hijos con hambre. Dámelos y da tres vueltas alrededor de mí, arrodíllate, póstrate ante mí y luego vuelve al monasterio.
El monje sacó sus euros y se los dio. Dio las tres vueltas, se arrodilló y volvió al monasterio.
Más tarde comprendió plenamente que el mendigo era el mismo Cristo.
A Jesús:
Lo tenemos en el hermano que está a nuestro lado.
Lo tenemos en el mendigo que nos alarga su mano porque tiene hambre.
Lo tenemos en el enfermo que sufre y con frecuencia está demasiado solo.
Lo tenemos en el que tiene sed y al que nos cuesta darle un vaso de agua.
Lo tenemos en el anciano que se muere de soledad más que de años.
Lo tenemos en el encarcelado que se pudre años entre unas rejas.
El Jesús de nuestra fe no es un Jesús de muertos.
Es el Jesús que vive en los que están vivos.
Es el Jesús que nos invita a encontrarlo entre los vivos.
Es el Jesús que está en nosotros para darnos viva.
Cuando no somos capaces de vivir de verdad la vida entonces preguntamos por la vida eterna.
Cuando no somos capaces de vivir a Jesús en nuestra vida, preguntamos por el Jesús de la vida eterna.
Cuando no somos capaces de ver a Jesús en esta vida, nos preocupamos si lo veremos en la otra.
Cuando no somos capaces de ver a Jesús en el hermano, preguntamos si Jesús existe.
Cuando no somos capaces de ver a Jesús en el que sufre, preguntamos por la felicidad eterna.


Para encontrarnos con Jesús no hace falta ir al Santo Sepulcro.
Basta encontrarlo en el propio hogar: en la esposa, en el esposo y en los hijos.
Basta encontrarlo cuando salimos a la calle y nos topamos con el hermano necesitado.

MONSENYOR ROMERO, VAN ACONSEGUIR FER CALLAR LA SEUA PARAULA PERÒ NO EL SEU MISSATGE. SANTS D'AVUI DIA

PONGÁMONOS AL SERVICIO DE LOS DEMÁS, Y EMPEZAREMOS A SER SANTOS

Dos hermanos que eran conocidos en la ciudad donde vivían por estar envueltos en toda clase de engaños y de vicios y que habían acumulado una gran fortuna gracias a sus malvadas artimañas.
Cuando murió el hermano mayor nadie se entristeció. Su hermano quiso despedirlo con un gran funeral. Pero como nunca habían asistido a ninguna iglesia le resultaba difícil encontrar una que quisiera celebrar el funeral.
El hermano se enteró de que una iglesia estaba recaudando dinero para hacer grandes reformas, así que se puso en contacto con el reverendo.
“Reverendo”, le dijo, “como sabe ni mi hermano ni yo nunca hemos asistido ni a su iglesia ni a ninguna iglesia. Y supongo que habrá oído toda clase de chismes sobre nosotros, pero deseo celebrar el funeral de mi hermano. Y si usted dice que mi hermano era un santo, le firmaré un cheque por cien mil euros.
Eso le ayudará a los arreglos de su iglesia”. Después de pensarlo un rato, el cura le dijo que celebraría el funeral pero tenía que pagar por adelantado. Y así lo hizo.
El día del funeral la iglesia estaba a rebosar. La gente acudió por curiosidad para ver lo que el cura decía de aquel ladrón y blasfemo.
El funeral comenzó con cantos y lecturas bíblicas. En la homilía el cura pronunció una larga letanía de todas las fechorías de aquel individuo: egoísmo, avaricia, corrupción, mujeriego, bebedor…
El hermano menor, sentado en el primer banco, empezó a sudar y a ponerse nervioso pues el cura no estaba cumpliendo lo pactado. Después de diez minutos de denigrar a su hermano el cura concluyó su homilía diciendo: “Sí, amigos, este hombre era un desastre y un perfecto estafador, pero comparado con su hermano, era un santo”.

La santidad lejos de estar reservada a una élite triste y ascética se ha hecho más cercana y, aparentemente, más al alcance de todos los pobres cristianos