¡HAY TANTAS Y TANTAS NECESIDADES!
Domingo 10 de julio
15 del tiempo ordinario
Lucas 10, 25-37
¿QUIÉN ENTRARÁ?
Una mujer salió de casa y vio a tres hombres con largas barbas blancas sentados a la puerta. No los reconoció.
Ella les dijo: "Creo que no les conozco, pero deben tener hambre. Pueden entrar y comer algo”. "¿Está el señor de la casa dentro?”, preguntaron.
"No", respondió la señora. "Está fuera". "Entonces no podemos entrar", contestaron.
Al anochecer cuando llegó el marido, ella le contó lo que le había pasado.
"Ve e invítalos". La mujer salió y los invitó. Pero ellos le dijeron: "Nosotros no entramos en una casa los tres a la vez".
"¿Por qué?" les preguntó curiosa.
Uno de los tres le explicó: "Ese es Sr. Riqueza y aquel es Sr. Éxito y yo soy Sr. Amor. Ahora entra en casa y dile a tu esposo quién de nosotros quiere que entre en su casa."
"Qué interesante". Invitemos al Sr. Riqueza y que nos llene la casa con sus riquezas", dijo el marido.
Su mujer no estaba de acuerdo. "¿Por qué no invitamos al Sr. Éxito? Su nuera que estaba escuchando saltó diciendo: "¿No sería mucho mejor invitar al Sr. Amor y así nuestra casa se llenaría de amor"?
Los tres se pusieron de acuerdo e invitaron al Sr. Amor.
El Amor se levantó y se dirigió hacia la casa. Los otros dos también se levantaron y le siguieron. Sorprendida la señora preguntó a los Señores Riqueza y Éxito:
"Solo invité al Sr. Amor, ¿por qué quieren entrar también ustedes?"
Y los dos respondieron al unísono: "Si usted hubiera invitado al Sr. Riqueza o Sr. Éxito los otros dos se habrían quedado afuera, pero como invitó al Sr. Amor, adonde él va también vamos nosotros.
Donde hay amor hay también riqueza y éxito.
Ella les dijo: "Creo que no les conozco, pero deben tener hambre. Pueden entrar y comer algo”. "¿Está el señor de la casa dentro?”, preguntaron.
"No", respondió la señora. "Está fuera". "Entonces no podemos entrar", contestaron.
Al anochecer cuando llegó el marido, ella le contó lo que le había pasado.
"Ve e invítalos". La mujer salió y los invitó. Pero ellos le dijeron: "Nosotros no entramos en una casa los tres a la vez".
"¿Por qué?" les preguntó curiosa.
Uno de los tres le explicó: "Ese es Sr. Riqueza y aquel es Sr. Éxito y yo soy Sr. Amor. Ahora entra en casa y dile a tu esposo quién de nosotros quiere que entre en su casa."
"Qué interesante". Invitemos al Sr. Riqueza y que nos llene la casa con sus riquezas", dijo el marido.
Su mujer no estaba de acuerdo. "¿Por qué no invitamos al Sr. Éxito? Su nuera que estaba escuchando saltó diciendo: "¿No sería mucho mejor invitar al Sr. Amor y así nuestra casa se llenaría de amor"?
Los tres se pusieron de acuerdo e invitaron al Sr. Amor.
El Amor se levantó y se dirigió hacia la casa. Los otros dos también se levantaron y le siguieron. Sorprendida la señora preguntó a los Señores Riqueza y Éxito:
"Solo invité al Sr. Amor, ¿por qué quieren entrar también ustedes?"
Y los dos respondieron al unísono: "Si usted hubiera invitado al Sr. Riqueza o Sr. Éxito los otros dos se habrían quedado afuera, pero como invitó al Sr. Amor, adonde él va también vamos nosotros.
Donde hay amor hay también riqueza y éxito.
LA VERDADERA PAZ ES EL AMOR A LOS DEMAS
Domingo 3 de abril
14 del tiempo ordinario
Lucas 10,1-12,17-20
Se ha
abusado mucho de la palabra paz. Todos hablamos de paz, el significado de esta
palabra se ha alejado de su sentido bíblico. Su uso interesado ha hecho de la
paz un término ambiguo, problemático. Hoy los mensajes de paz son bastantes
sospechosos, sin credibilidad.
Al hablar
de paz casi siempre solemos pensar en la paz social, en los grandes problemas
de nuestra sociedad, es fácil olvidar otros ámbitos en los que hemos de
preocuparnos de que haya verdadera paz. Pensemos en algunos de ellos.
La
paz se construye, sí, “haciendo la guerra” a las injusticias que nos rodean; si
somos cómplices de los desmanes del mundo, no podemos sentirnos en paz con
nosotros.
La
paz no es solo ausencia de conflictos. No depende solo de circunstancias
externas, la verdadera paz, lo dijo Jesús, brota del corazón, va conquistando
gradualmente a toda la persona y desde ella se extiende a los demás.
La
paz dijo Jesús, se apoya en el amor a los hermanos, que nos invita a una
convivencia entre todos, para el bien de todos, compartiendo algo que a veces
consideramos muy nuestro y con quienes a veces nos cuesta tratar.
Los
cristianos hemos de partir de nuestras experiencias, interrogándonos qué
podemos ofrecer al mundo para apoyarnos en Dios, que es quien nos ayuda para
afrontar las situaciones difíciles. Los cristianos hemos de ser caminantes para
preparar el lugar por donde el Señor ha de pasar, suscitando una adhesión libre
a la paz que nace del corazón, transformando el mundo según el Evangelio y
convirtiendo la fe en una vida alimentada por la fraternidad, por la verdadera
paz.
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