EUCARISTÍA, LA GRAN FESTA



Quan malgrat no haver ocorregut gens especial, saps que tot està decidit i no hi ha marxa arrere;
Quan faces el que faces, uns altres van a decidir per tu, perquè ja han decidit;
Quan els petits passos d'avui només confirmen el desenllaç de matí;
Quan és difícil confiar perquè tot al teu al voltant fa olor de sospita i a desgana i a traïció i a mentida;
Quan eres a punt d'entrar en la teua pasqua que és la Seua;
Només llavors…
No queda gens més que donar la vida pels altres: Acollint, Compartint, Assumint, Estimant.

AMOR EN MAJÚSCULES

JESÚS S'ASSEU A la TAULA AMB CADASCUN DE NOSALTRES

POR EL AMOR QUE JESÚS NOS DA CADA DÍA

Jueves 2 de abril
Jueves santo día del amor fraterno
Juan 13,1-15

“Si quieres decirle algo importante a quien más tú quieres, díselo en una mesa”. Adagio que, en Jueves Santo, toma cuerpo y forma en Jesús: alrededor de una mesa les dijo que eran hermanos; debajo de una mesa, con sus manos, les indicó que el servicio era carnet de identidad para los hermanos cristianos y, sobre la mesa, les inmortalizó en Sacramento algo que en principio no llegaron a entender: esto es mi Cuerpo y mi Sangre derramada por vosotros.

Hoy, en esta mesa, Jesús también nos dice –a nosotros cristianos del siglo XXI- algo esencial y tan importante como entonces: sigue estando presente, vivo, fraterno y sacerdotalmente entregado en nosotros. ¿Llegaremos a entender la belleza (incluso estética) que guarda este cenáculo del Jueves Santo?


DIUMENTGE DE RAMS

AL PEU DE LA CREU

JESÚS ES AMOR, Y ESE, EL AMOR, ES SU PODER

Domingo 29 de marzo
Domingo de ramos
Marcos 15, 1-39

Lo mataron porque no estaban dispuestos a permitir que pusiera en peligro sus privilegios; porque los puso en evidencia al descubrir que engañaban al pueblo suplantando a Dios y que manipulaban el nombre de Dios para dominar al pueblo; porque les dijo que habían convertido la religión en un negocio y que se habían puesto de acuerdo con el emperador de Roma para apropiarse del pueblo, de los hombres, que sólo pertenecen al Dios liberador.
Todos se ríen de él, ridiculizando las palabras que había pronunciado cuando predicaba: tanto los que al escucharlo recibieron su mensaje como acusación y denuncia de sus injusticias como los que lo debieron sentir como anuncio de liberación. Todos de acuerdo: los transeúntes, gente del pueblo que quizá lo había aclamado el domingo de Ramos y que ya había perdido toda esperanza en él; los sumos sacerdotes y los letrados que habían vuelto a engañar al pueblo para que rechazara a Jesús y que ahora celebraban lo que creían que era su triunfo, y hasta los que estaban crucificados con él. Todos de acuerdo en que ése no es modo de salvar al mundo: si el salvador no es capaz de salvarse a sí mismo…, ¿a quién podrá salvar? Todos de acuerdo en que si Dios estuviera con él la suerte de aquel condenado no sería la que estaban viendo. Si aquel despojo humano fuera de verdad el Hijo de Dios, ¿qué clase de Padre sería ese Dios?
Dios es amor, dice San Juan. Y ése, el amor, es su poder. Y de ese poder sí está llena la figura del crucificado. Sus paisanos no fueron capaces de descubrirlo: todos los que hablan al verlo en la cruz pretenden que Dios anule lo que los hombres han hecho para que, demostrado así su poder, puedan creer en Jesús. No les entraba en la cabeza que el amor fuera ya salvación.
Quizá también a nosotros nos resulta difícil creer que el amor puede transformar el mundo. Sin embargo, conocemos por experiencia la fuerza del amor: si se apodera de nosotros nos cambia la vida, y cuando se hace norma de convivencia de un grupo, transforma su forma de vivir. Entonces, si lo dejáramos organizar el mundo en lugar de que siga estando en manos de la fuerza y del poder, ¿no cambiaría nada? No, no es tarea fácil. Como Jesús, hay que poner en juego la vida. Y sin ventaja: Jesús tuvo que afrontar la muerte solo, como un simple hombre.