DEJEMOS QUE JESÚS ENTRE EN NUESTROS CORAZONES

JESÚS, UNA VENTANA A LA ESPERANZA


Domingo 5 de abril
Domingo de Ramos
Mateo 27,11-54

Confinados en casa, terminando la quinta semana de Cuaresma, se alza el telón de la Semana Santa, cuyo pórtico es el Domingo de Ramos, con la bendición y la procesión de las palmas, recordando la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén. Es el único domingo del año en que se celebra el misterio de la muerte del Señor con la proclamación del relato de la pasión. Una Semana Santa muy diferente, recogidos no solo en nuestros domicilios, también en el interior de nuestros corazones, buscando a Dios entre la niebla. Siguiendo la pasión de tantos cristos rotos y crucificados en los hospitales, que se nos estremece el alma.
Para ello, es necesario aprender a mirar, que significa mirar de nuevo, como si las cosas aparecieran por primera vez, centrarse en lo esencial, lo sencillo y lo más humano. Requiere abrir la ventana del alma para que nada resulta ajeno, es un situarse en la cercanía de la humanidad herida desde la sim-patía (sentimiento). La mirada atenta y misericordiosa se inclina para acercarse al herido, una mirada que se compromete con su situación y toca sus heridas.

CUARESMA EN LIBERTAD

LIBERTAD ES ENCONTRAR LA LUZ DE LA LIBERTAD

LIBERTAD NO ES LIBERTINAJE. LIBERTAD ES MIRAR A LOS OJOS AL PRÓJIMO A LOS OJOS


Domingo 29 de marzo.
5º de Cuaresma.
Juan 11,3-7.17.20-27.33b-45

Tenemos miedo. Mucho miedo. Miedo a todo. Miedo a perder cosas, cosas que nos hacen egoístas. Y preferimos no pensar en la injusticia que sufre el prójimo.
Preferimos no saber la mentira con que engañan al vecino, no denunciar la opresión que padece el compañero, cerrar los ojos al hambre del hermano.
Y es que cuando la muerte se ve solo como “el fin”, la muerte nos aterra. De ahí que -y no es pura coincidencia- el tirano como el delincuente exploten al máximo el miedo de los hombres para asegurar el éxito de sus propósitos y garantizar el silencio y la complicidad de los hombres. Y lo malo del caso es que todo aquel que, por miedo a la muerte, practica o encubre la injusticia, desfigura o escamotea la verdad, es ya solo el despojo de una ejecución anticipada.
Por eso el cristianismo, al anunciar su mensaje de vida y resurrección, está ofreciendo a la humanidad la única oportunidad de liberación: la liberación de todos los miedos, la liberación del gran miedo de la muerte. Morir no es fin, más que para los opresores y para toda opresión”.
¡De cuántos miedos necesitamos liberarnos!
Creo que el mensaje del evangelio de este domingo –la resurrección de Lázaro- es una invitación a superar todo tipo de miedo, incluido el miedo a la muerte. Solo entonces alcanzaremos la libertad necesaria para ser nosotros mismos en la vida de cada día.
Jesús lo consiguió. No le fue fácil. Llegó a sudar sangre. Pero nos mostró que es posible un futuro de esperanza y de vida plena. Un futuro que hemos de comenzar ya aquí en esta vida.
Perdamos los miedos  enfrentados a ellos y busquemos  nuestras posibilidades de libertad.